martes, 30 de octubre de 2012


La catequesis.

En la Iglesia, con el deseo de que las personas llegaran al conocimiento de la verdad, que es Cristo, y así cumpliendo con su mandato de ir por todo el mundo predicando la Buena Nueva, se implantó una forma muy particular de enseñar lo que ha hecho Dios a través de los siglos por todos los hombres, llamada Catequesis.

Ésta dio muchos frutos en sus comienzos, pues, podemos observar que en el libro de los Hechos de los apóstoles, eran muy fructuosas las predicaciones y enseñanzas de los cristianos, ya que lo hacían con arrojo y valentía, obedeciendo a Dios antes que a los hombres y comprometidos con la causa de Dios. Pero con el paso del tiempo, se fue perdiendo el ardor pastoral, y se llegó al punto de que la catequesis fuera un “juego de memoria” y no una experiencia de fe, una vivencia real. Desde estos momentos la catequesis se encuentra en problemas.

Los elementos básicos de la identidad catequética, son: Su objeto o contenido; es decir, la Palabra de Dios, su objetivo; la fe como respuesta a la Palabra de Dios y el polo institucional o comunitario, la Iglesia, y en estas áreas, se han presentado varios problemas por diversas situaciones.
Pero tampoco se debe realizar un empeño por criticar la catequesis de nuestros días, puesto que en ella también encontramos grandes valores que no se han perdido y que se conservan aún como tesoros valiosos de evangelización.

Siendo así llegamos entonces a la conclusión de que la catequesis tiene una serie de luces y sombras, pero está en crisis, ya que hay crisis de Dios e indiferencia religiosa. Se puede apreciar que en el proceso tradicional de iniciación cristiana ha fracasado “no inicia sino que concluye”. En el proceso de iniciación, las personas deberían quedar enamoradas del Señor y con un amor indudable por la Iglesia y lo que a ella se refiere, viendo allí su propia casa, pero por el contrario, sucede que al recibir estos sacramentos, no se vuelven a acercar nuevamente sino cuando van a recibir o a participar de otro; como para casarse, o por el bautismo de su hijo, o por la muerte de un ser querido, o circunstancias similares, dado todo esto por la poca disposición de los fieles para recibir el mensaje de Dios, y por la poca responsabilidad de los agentes.

Con respecto a los catequistas, se presentan otras clases de problemas, ya que, hay casos, en los que ni siquiera han tenido una experiencia personal con Cristo ni le han entregado su vida, y si no ha acontecido esto, no anunciarán con el entusiasmo y el convencimiento, que el ser humano es capaz de Dios y que su plan es que todos nos salvemos. Varias de las cuestiones que suceden con los agentes, son: Mala preparación, falta de compromiso, relajamiento religioso, mala comunicación; pues anuncian a Cristo con miedo y lo muestran de una manera distorsionada, dicen verdades como si fueran mentiras, sin convicción, poca responsabilidad, no se ha difundido bien el mensaje, se da una respuesta fácil y superficial a la pastoral, enamoran a las personas de sí mismos y no del evangelio, se presenta mucho antitestimonio y mal ejemplo, la catequesis para adultos, no avanza. Entre muchas otras cosas que hacen que la transmisión de la fe no toque los corazones y se quede en los fieles.  Pero, no solo son los agentes, los involucrados en este problema, ya que si vamos a la raíz, la culpa la tienen todos, pero de manera especial, aquellos que administran los sacramentos y son los primeros responsables del cuerpo místico de Cristo, la Iglesia, ya que también han mostrado poco compromiso y con el tiempo, y poco a poco han ido  perdido lo que Dios les ha confiado: Los fieles, y con ellos la Iglesia.
Ahora, analicemos detenidamente que es lo que pasa con la sociedad, porque la respuesta a Dios y a la Iglesia ha sido muy mediocre, y aparte de los agentes y pastores puestos al servicio del reino hay también espacios implicados en el problema de catequesis.

Uno de los lugares donde se ha perdido gran valor por lo sagrado, es la familia. En tiempos pretéritos, las familias eran verdaderas escuelas del evangelio, pero todo esto se ha olvidado, y así, se ha perdido la cercanía y el interés de unos por otros, perdiendo las posibilidades de anunciar a Cristo en sus hogares.
También la cultura ha sido uno de los lugares determinantes en la carencia del mensaje  evangélico, generando una apatía hacia la Iglesia y despreciando el sentido religioso, contribuyendo con las apetencias personales y defendiendo el don de la “libertad”, al cual le dan una definición equívoca, ya que la libertad, es la posibilidad de escoger el bien, no de hacer lo que a cada cual le parezca, y presentándola como un espacio de antonomasia autónoma. En su mínima aceptación del evangelio, impulsan las formas personales o la decisión de creer como se quiera creer, pretendiendo crear una religión a la carta que contenga solamente lo que a cada cual convenga, teniendo una falsa imagen sobre la religión, pues piensan que hace espectáculos, que resulta ser un producto de muchos, que adopta posiciones sincréticas de aceptación de otras formas de religiosidad. En definitiva la cultura no está recibiendo el mensaje de Dios o si lo recibe lo hace de una manera no muy sana, que sólo puede sanar, en la vivencia cotidiana con el Maestro.

Frente a los fenómenos de la  actualidad, la Iglesia debe hacer algo, es urgente la necesidad de una renovación pastoral, en donde los métodos que no han dado resultado, sean olvidados y la unción del Espíritu Santo se derrame con creatividad y nuevas ideas para esta conversión. La catequesis debe caminar al ritmo de los tiempos y estar siempre actualizada si es necesario.

Los cristianos deben hacer un serio análisis sobre la forma en que se está evangelizando, decidirse, y entregar la vida por el evangelio, haciendo una reflexión profunda sobre las cuestiones de mayor delicadeza y aquellas que están funcionando bien. Haciendo una catequesis permanente con un contenido íntegro que encierre aquellas verdades cristianas que las personas ignoran.

Con todas las situaciones que se presentan, la preocupación por la fe y la construcción del reino de Dios, es indiscutible. Por eso el Papa Juan Pablo II hablaba sobre la nueva evangelización y renovar los campos pastorales haciéndolos nuevos en ardor, en métodos y en expresión.

Si la Iglesia no actúa, y se dedica a proponerse una conversión pastoral, poco a poco menos personas conocerán a Dios, cuestionémonos pues, ya que si no evangelizamos, podríamos llegar a plantearnos la siguiente pregunta: ¿Seremos nosotros los últimos católicos? Si nos quedamos quietos esto sucederá, pero se debe llegar si es necesario, a observar la Iglesia de los comienzos y tomar elementos que en estos tiempos fueron fundamentales y que nosotros debemos traer al HOY.

1 comentario:

Tus comentarios son muy impportantes para mi realización personal, gracias por tu opinión.