La catequesis.
En la Iglesia, con el deseo de que las
personas llegaran al conocimiento de la verdad, que es Cristo, y así cumpliendo
con su mandato de ir por todo el mundo predicando la Buena Nueva, se implantó
una forma muy particular de enseñar lo que ha hecho Dios a través de los siglos
por todos los hombres, llamada Catequesis.
Ésta dio muchos frutos en sus comienzos,
pues, podemos observar que en el libro de los Hechos de los apóstoles, eran muy
fructuosas las predicaciones y enseñanzas de los cristianos, ya que lo hacían
con arrojo y valentía, obedeciendo a Dios antes que a los hombres y
comprometidos con la causa de Dios. Pero con el paso del tiempo, se fue
perdiendo el ardor pastoral, y se llegó al punto de que la catequesis fuera un
“juego de memoria” y no una experiencia de fe, una vivencia real. Desde estos
momentos la catequesis se encuentra en problemas.
Los elementos básicos de la identidad
catequética, son: Su objeto o contenido; es decir, la Palabra de Dios, su
objetivo; la fe como respuesta a la Palabra de Dios y el polo institucional o
comunitario, la Iglesia, y en estas áreas, se han presentado varios problemas
por diversas situaciones.
Pero tampoco se debe realizar un empeño
por criticar la catequesis de nuestros días, puesto que en ella también
encontramos grandes valores que no se han perdido y que se conservan aún como
tesoros valiosos de evangelización.
Siendo así llegamos entonces a la
conclusión de que la catequesis tiene una serie de luces y sombras, pero está
en crisis, ya que hay crisis de Dios e indiferencia religiosa. Se puede
apreciar que en el proceso tradicional de iniciación cristiana ha fracasado “no
inicia sino que concluye”. En el proceso de iniciación, las personas deberían
quedar enamoradas del Señor y con un amor indudable por la Iglesia y lo que a ella
se refiere, viendo allí su propia casa, pero por el contrario, sucede que al
recibir estos sacramentos, no se vuelven a acercar nuevamente sino cuando van a
recibir o a participar de otro; como para casarse, o por el bautismo de su hijo,
o por la muerte de un ser querido, o circunstancias similares, dado todo esto
por la poca disposición de los fieles para recibir el mensaje de Dios, y por la
poca responsabilidad de los agentes.
Con respecto a los catequistas, se
presentan otras clases de problemas, ya que, hay casos, en los que ni siquiera
han tenido una experiencia personal con Cristo ni le han entregado su vida, y
si no ha acontecido esto, no anunciarán con el entusiasmo y el convencimiento,
que el ser humano es capaz de Dios y que su plan es que todos nos salvemos.
Varias de las cuestiones que suceden con los agentes, son: Mala preparación,
falta de compromiso, relajamiento religioso, mala comunicación; pues anuncian a
Cristo con miedo y lo muestran de una manera distorsionada, dicen verdades como
si fueran mentiras, sin convicción, poca responsabilidad, no se ha difundido
bien el mensaje, se da una respuesta fácil y superficial a la pastoral,
enamoran a las personas de sí mismos y no del evangelio, se presenta mucho antitestimonio
y mal ejemplo, la catequesis para adultos, no avanza. Entre muchas otras cosas
que hacen que la transmisión de la fe no toque los corazones y se quede en los
fieles. Pero, no solo son los agentes, los
involucrados en este problema, ya que si vamos a la raíz, la culpa la tienen
todos, pero de manera especial, aquellos que administran los sacramentos y son
los primeros responsables del cuerpo místico de Cristo, la Iglesia, ya que
también han mostrado poco compromiso y con el tiempo, y poco a poco han ido perdido lo que Dios les ha confiado: Los
fieles, y con ellos la Iglesia.
Ahora, analicemos detenidamente que es lo
que pasa con la sociedad, porque la respuesta a Dios y a la Iglesia ha sido muy
mediocre, y aparte de los agentes y pastores puestos al servicio del reino hay
también espacios implicados en el problema de catequesis.
Uno de los lugares donde se ha perdido
gran valor por lo sagrado, es la familia. En tiempos pretéritos, las familias
eran verdaderas escuelas del evangelio, pero todo esto se ha olvidado, y así,
se ha perdido la cercanía y el interés de unos por otros, perdiendo las
posibilidades de anunciar a Cristo en sus hogares.
También la cultura ha sido uno de los
lugares determinantes en la carencia del mensaje evangélico, generando una apatía hacia la
Iglesia y despreciando el sentido religioso, contribuyendo con las apetencias
personales y defendiendo el don de la “libertad”, al cual le dan una definición
equívoca, ya que la libertad, es la posibilidad de escoger el bien, no de hacer
lo que a cada cual le parezca, y presentándola como un espacio de antonomasia
autónoma. En su mínima aceptación del evangelio, impulsan las formas personales
o la decisión de creer como se quiera creer, pretendiendo crear una religión a
la carta que contenga solamente lo que a cada cual convenga, teniendo una falsa
imagen sobre la religión, pues piensan que hace espectáculos, que resulta ser
un producto de muchos, que adopta posiciones sincréticas de aceptación de otras
formas de religiosidad. En definitiva la cultura no está recibiendo el mensaje
de Dios o si lo recibe lo hace de una manera no muy sana, que sólo puede sanar,
en la vivencia cotidiana con el Maestro.
Frente a los fenómenos de la actualidad, la Iglesia debe hacer algo, es
urgente la necesidad de una renovación pastoral, en donde los métodos que no
han dado resultado, sean olvidados y la unción del Espíritu Santo se derrame
con creatividad y nuevas ideas para esta conversión. La catequesis debe caminar
al ritmo de los tiempos y estar siempre actualizada si es necesario.
Los cristianos deben hacer un serio
análisis sobre la forma en que se está evangelizando, decidirse, y entregar la
vida por el evangelio, haciendo una reflexión profunda sobre las cuestiones de
mayor delicadeza y aquellas que están funcionando bien. Haciendo una catequesis
permanente con un contenido íntegro que encierre aquellas verdades cristianas
que las personas ignoran.
Con todas las situaciones que se
presentan, la preocupación por la fe y la construcción del reino de Dios, es
indiscutible. Por eso el Papa Juan Pablo II hablaba sobre la nueva
evangelización y renovar los campos pastorales haciéndolos nuevos en ardor, en
métodos y en expresión.
Si la Iglesia no actúa, y se dedica a
proponerse una conversión pastoral, poco a poco menos personas conocerán a
Dios, cuestionémonos pues, ya que si no evangelizamos, podríamos llegar a
plantearnos la siguiente pregunta: ¿Seremos nosotros los últimos católicos? Si
nos quedamos quietos esto sucederá, pero se debe llegar si es necesario, a
observar la Iglesia de los comienzos y tomar elementos que en estos tiempos
fueron fundamentales y que nosotros debemos traer al HOY.
"Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos" (Lc 3, 4).
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